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Aprender a morir, aprender a vivir

A propósito del aprender a morir, Pedro Verdugo escribió un post en su blog, partiendo de un post mío reciente, acerca del miedo y su impacto en nuestra vida.

Quiero compartirlo en relación con aprender a morir, porque me resultó muy significativo:

A mi entender, el miedo no es una emoción espontánea, sino que surge de la ilusión de control y seguridad que aprendemos a cultivar en la infancia. El hecho cierto es que en todo momento nuestra existencia es frágil y la muerte nos espera en cualquier camino, en la forma de un accidente, una enfermedad o un crimen. Ninguno de nosotros puede decidir con precisión cuánto tiempo vivirá, ni qué lo privará de la vida. Los pasajeros de un avión que se cae, dudosamente se imaginaron alguna vez que sus huesos irían a dar al Atlántico, del mismo modo que al subirnos al automóvil en la mañana no nos preguntamos si al mediodía yacerán nuestros restos al borde de una carretera. Y si sobrevivimos a todas las vicisitudes, aún así moriremos, a los noventa o más años, de viejos, enfermos, en un lecho más o menos solitario.

Esta certeza, esta única certeza parece tan sombría, y nos asusta tanto, que hemos aprendido a negarla y a eludirla. Preferimos hacer como que no existe, y nos aferramos a ciertas cosas que juegan a favor de la ilusión. Nos despedimos alegremente cada mañana de nuestros hijos o de nuestros padres, negándonos a creer que quizás no volvamos a verlos. Nos despreocupamos de lo que decimos, porque queremos creer que siempre podremos corregirlo, y postergamos las conversaciones con los que amamos porque mañana estarán ahí para dedicarles tiempo.

Y así vamos forjando la ilusión que, sentimos, nos da la serenidad necesaria para caminar por el mundo.

Pero, ¿Qué disposición vital nos acerca a una vida más plena?, sigamos a Pedro otra vez:

En un libro de Chögyam Trungpa (SHAMBALA: La senda sagrada del guerrero) leí que ése es justamente el camino equivocado, porque en la misma medida en que nos anestesia contra el miedo nos distancia de la vida presente. Por el contrario, el célebre monje budista nos propone la Senda de Guerrero, que comienza justamente por afrontar la muerte como un hecho cierto, asumir el riesgo permanente y permitirse sentir el susto y la tristeza de saber que absolutamente todo lo que conocemos tendrá su fin un día.

La ilusión de la seguridad y el control, aprendida para bloquear el temor a la muerte, termina por imponerse en muchos otros dominios de la vida. Nos aferramos a personas, a cosas y a lugares para no afrontar el miedo que nos dan los cambios. Nos aferramos a un empleo y a un sueldo, y ajustamos nuestro modo de vivir a ellos, soportando a menudo labores poco estimulantes, ambientes desagradables y malos tratos cambio de esa seguridad ilusoria que una buena crisis o las "necesidades de la empresa" terminan tarde o temprano por desbaratar. Nos aferramos a un quehacer, a la sensación de que sabemos algo que nos permite vivir, o de que tenemos un negocio que funciona, y a menudo nos negamos a ver las transformaciones del mundo que destruirán toda posibilidad de seguir haciendo lo que hacíamos hasta que es demasiado tarde.

Yo digo que cuando consigues enfrentar el miedo y aprendes a lidiar con él, entonces y sólo entonces eres capaz de superar la ilusión del control y la seguridad, y el vasto mundo de la posibilidad se abre a tus pies, porque ya no necesitas aferrarte. Emprender aparece entonces como una actividad natural, permanentemente, fruto de la actitud liberadora de vivir la vida como una aventura desafiante y no como un estado de sordera obligatoria. Emprender como la práctica de imaginar, vislumbrar y luego crear mundos posibles, atractivos y estimulantes.

Por supuesto esto es más fácil de decir que de hacer. Sospecho que el camino del aprendizaje de cómo liberarse de todas las formas de la ilusión del control y la seguridad a menudo toma toda una vida.

Pienso en Colón, con el alma arrebatada de anhelo aventurero de sólo pensar en tener una chance, ¡sólo una!, de ir hasta los confines de la tierra y encontrar tierra donde todos suponían abismos.

Volviendo a mi post, acerca de Bauman y la vida como obra de arte, pienso que vivir con esta conciencia de impermanencia es la que nos acerca a vivir la vida como una obra de arte, como una experiencia única e irrepetible y creadora.

Pedro cierra su post con dos preguntas que también quiero compartir:

  • ¿Cuáles son las cosas a las que me aferro en pos de la ilusión, de la seguridad y el control?
  • ¿Es posible aprender a vivir sin ellas?

Dos preguntas más para la reflexión:

  • ¿Qué pasaría si viviera la vida sin dejar cabos sueltos?

  • ¿Qué pasaría si ejerciera una presencia sin fisuras en el momento presente?

 

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