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Cambiar la forma de cambiar

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Cambiar la forma de cambiar

Cambiar la forma de cambiar, puede ser algo que nos pase inadvertido. Nos preocupamos por cambiar, pero nuestra forma de cambiar, ¿no es parte del problema?

Cambiar la forma de cambiar implica, en primera instancia, reconocer como es que estamos predispuestos a relacionarnos con las circunstancias y los cambios en nuestra vida.

Cómo solemos responder a los cambios

Es muy común que cambiemos cuando enfrentamos cambios en nuestra circunstancia. Vivimos en una deriva cultural, que forjó en nosotros ciertas predisposiciones frente a las circunstancias y los cambios que a veces nos pueden impedir aprender. Veamos algunas de ellas:
Resistirse: Esta resistencia puede adoptar formas muy diversas, desde las más obvias formas de oposición infundada, abierta y llana, hasta formas más sutiles de resistencia basadas en la adopción de posturas de abogado del diablo o de criticismo extremo. En muchos casos estas posturas esconden una interpretación atada al pasado, a juicios acerca de lo que se considera posible o imposible, relacionados con nosotros mismos o con el mundo.
Adaptarse: Esta forma de relacionarse implica de alguna manera una elección de representar acabadamente el sentido común dominante. Desde esta disposición se define lo que es posible esperar y hacer ante una dada circunstancia, con base en la experiencia pasada y las interpretaciones y prácticas dominantes.
Responder: Esta última disposición frente al cambio implica una actitud estratégica, una decisión consciente y deliberada en función de ciertos objetivos perseguidos. Si bien estas tres formas de respuesta son distintas, tienen algo en común, algo que no se cuestiona en ninguna de ellas: “el mundo está creado y es como es”. Entonces lo que queda es elegir la forma de reaccionar ante él. La forma básica de relacionarnos con el cambio desde estos puntos de vista, es a partir de asumir que el mundo no es un espacio de invención. Entendemos que esta predisposición cultural limita nuestra capacidad de acción efectiva en un mundo caracterizado por la incertidumbre y sostenemos que debemos generar nuevas prácticas y un nuevo estilo para relacionarnos con el cambio.

Las anteriores son las formas disponibles desde el sentido común dominante para relacionarnos con el cambio: resistirse, adaptarse o responder. Creemos que el mundo que hoy vivimos requiere, cambiar la forma de cambiar, generar nuevas formas de relacionarnos con el cambio:
Crear el cambio: Una manera de cambiar la forma de cambiar es a partir de esta disposición que hace que “traigamos algo nuevo a la existencia”, como lo expresa Jim Selman en su libro “Liderazgo”. Esta forma de relacionarnos con las circunstancias y el cambio implica una interpretación acerca de nosotros mismos como creadores de mundos, como protagonistas responsables por los mundos en que vivimos y su desarrollo futuro.
Crear contextos para el cambio: Otra forma de cambiar la forma de cambiar es esta forma de relacionarse, que implica el entendernos como creadores de contextos fértiles para que se produzcan cambios que van más allá de nuestras posibilidades de anticipación y de participación directa.

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