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Venenos anímicos del líder: el resentimiento

Algunos estados anímicos son particularmente destructivos de la calidad de vida y la capacidad de liderar y crear futuro, un ejemplo es el resentimiento.

Ya les dí mi mirada sobre dos estados de ánimo limitantes (agobio y ansiedad), que habitualmente encuentro en personas y organizaciones en mi práctica de coaching y consultoría. Hoy nos vamos a dedicar a uno de los estados anímicos más corrosivos para la vida y las posibilidades de personas y organizaciones: el resentimiento.

Las emociones son reactivas, específicas y muchas veces son ¨síntomas agudos¨ en respuesta a las circunstancias. Los estados anímicos en cambio son formas en las que nos relacionamos con las posibilidades. A muchos estados de ánimo los podemos ver cómo una emocionalidad que se ha instalado al no poder lidiar efectivamente con las emociones, son como ¨síntomas crónicos¨. En este sentido podríamos decir que el resentimiento es una especie de familiar, de descendiente del enojo.

Veamos algunas dimensiones para observar este estado de ánimo:

  • Trasfondo interpretativo: El ¨cuento¨ detrás del enojo es ¨se transgredió un valor¨. Cuando nos enojamos hay algo que se rompe. El mundo no se atiene a nuestras reglas. Pasa algo que no debería haber pasado y es por eso que nos enojamos. El enojo demanda reparación en el mundo, cuando podemos reparar el daño, o en nosotros mismos, cuando debemos ¨repararnos¨ para superar el dolor de que el mundo no se atiene a nuestras reglas.  El resentimiento es una suerte de generalización del enojo. En el resentimiento se reeditan una y otra vez los enojos. Para quien esta dominando por el estado anímico del resentimiento la interpretación dominante podríamos expresarla así: ¨Tú me has cerrado posibilidades y no pienso hablar del asunto.¨ La trampa del resentimiento queda tendida: ¨si aceptó lo que pasó estoy claudicando, estoy convalidando la falta, tengo que mantenerme en la lucha, nunca aceptaré lo que pasó¨.
  • Relación con la acción: en el resentimiento la persona está comprometida con lo que considera justo. La acción se ve empañada porque le evoca injusticias que teme que se reediten. La acción es muy tibia porque es la posibilidad de reeditar viejos dolores e injusticias.
  • Relación con la temporalidad: el punto de vista especifico respecto de la temporalidad en el caso del resentimiento está en el pasado. Desde la ansiedad la persona mira el mundo y las posibilidades desde un pasado doloroso. El resentido no esta limpio para mirar las posibilidades y el futuro.
  •  Mirando desde dentro: Desde el resentimiento, la persona mira el mundo desde sus heridas y desde el pronóstico de su reiteración. Se ve a sí mismo cómo alguien lúcido y que no se va a dejar atrapar nuevamente por quienes de seguro lo perjudicarán.
  • Mirando desde fuera: Como observadores podemos ver a la persona en el estado de resentimiento como alguien que no puede relacionarse con apertura y optimismo con el futuro porque tiene muchas cuentas pendientes con su propio pasado, el cual no le deja ver posibilidades mas allá de la reedición del dolor. Las dos herramientas para superar el blindaje anímico del resentimiento son la aceptación y el perdón. La aceptación de que el mundo no tiene porque ceñirse a nuestras reglas. Detrás del resentimiento esta el enojo y detrás de este suele habitar la tristeza, por lo que no fue, por las reglas que querríamos ver en el mundo y no vemos. Cultivar un estado anímico de aceptación implica cultivar la paz para relacionarnos con un mundo donde las posibilidades se nos pueden abrir y cerrar permanentemente. En muchos casos cuando el dolor es muy grande y la reparación no es posible, la aceptación suele hacerse posible con el perdón. Un obstáculo para el perdonar suele ser la idea de que este acto borra la falta, implica convalidar lo que ocurrió u olvidarlo. Pensamos el perdón como un salvoconducto para quien nos dañó, cuando en rigor suele ser un salvoconducto para nosotros,  porque nos lleva a recuperar nuestra paz y la posibilidad de relacionarnos limpios y completos con nuestra vida y nuestro futuro.

Pregunta para reflexionar: ¿En qué circunstancias me quedo ¨pegado a dolores del pasado¨? ¿Es un estado de ánimo familiar para mí? ¿De qué maneras podría salirme del resentimiento?

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