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Identidad pública, identidad privada y liderazgo

La identidad pública se suele pensar de varias maneras, generalmente asociadas a trayectorias históricas. En este artículo quería introducir una idea un poco distinta de la identidad, para lo cual quiero, además, distinguir identidad pública y privada.

"... se permitió admitir su convicción de que los seres humanos no nacen definitivamente el día en que sus madres los dan a luz, sino que la vida los obliga a nacer una y otra vez."

-Gabriel García Marquez

Identidad púbica

Quiero asociar la idea de identidad pública con la posibilidad que nos demás ven en nosotros, especialmente aquellos para quienes queremos constituir una posibilidad. En este sentido constituir una identidad pública es sinónimo de construir un rol valioso y confiable en la vida de los otros. Esta identidad es un constructo social que va forjandose en nuestras conversaciones definiendo la oferta que constituímos para otros. Esta identidad pública se expresa también en narrativas acerca de nosotros que se dan en un dado espacio social.

 

Identidad privada

"Cuanto más integramente escuches tu voz inerior, mejor oirás lo que suena en el exterior, y solo el que escucha puede hablar."

-Dag Hammerskjöld

Quiero ensayar también la distinción de identidad privada como la auto-narrativa que desarrollamos en nuestras conversaciones privadas acerca de las posibilidades que nosotros somos para nosotros mismos. Estas narrativas privadas no son estables e individuales sino que también se constituyen socialmente y las considero recursivamente relacionadas como las de la identidad pública. Creo que existe una relación circular entre estas dos dimensiones. Ser posibilidad para otros implica hacernos cargo, de alguna manera, del mundo de preocupaciones de esos otros, del futuro con el que están empeñados. Estar a la altura de este compromiso implica tener una buena escucha respecto de las propias preocupaciones, cultivar la intuición, escuchar el cuerpo.

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A continuación quiero compartir una forma de abordaje del desafío de dialogo entre estas dos dimensiones de la vida humana, la identidad pública y la privada.

Cinco entrenamientos para la identidad pública y la privada 

¿Existe un camino integrador de nuestra vida social (identidad pública) y nuestra vida interior (identidad privada)? ¿Podemos crecer simultáneamente en nuestros logros en el mundo y en nuestra plenitud personal? ¿Qué transformaciones tendríamos que producir en nosotros mismos para alcanzar ese estado?

El Monje y el Filósofo es un libro en el que se presentan conversaciones entre Matthieu Ricard (biólogo molecular devenido monje budista) y su padre Jean Francois Revel (filósofo francés). En esa obra, Ricard explica porqué dejó la ciencia para volcarse al budismo.

Dice que un día descubrió que estaba dedicando su vida a la atención a los detalles propios de la investigación científica hiper-especializada de nuestros días. Si bien muchos de los trabajos eran muy interesantes, lo condenaban a una vida fragmentada en la que perdía el sentido de la totalidad de la experiencia humana.

Para el filósofo Edgar Morin, esta forma de abordar el mundo genera una mutilación del conocimiento, su fractura en campos inconexos. Morin plantea que la supremacía del conocimiento fragmentado nos impide operar el vínculo entre las partes y las totalidades, y debe dar paso a un modo de conocimiento capaz de aprehender los objetos en sus contextos, sus complejidades y sus conjuntos.

La fragmentación no sólo afecta a la ciencia, sino que se traduce en muchas otras prácticas profesionales. A medida que nuestro saber aumenta y se sofistica, resulta relevante para un número cada vez más reducido de especialistas. Todos llevamos esta impronta cultural. Nos hemos acostumbrado, además, a delegar casi todo en especialistas: decisiones técnicas en filosofía, psicología o economía se toman de manera similar a las de la plomería de nuestro hogar.

La fractura también existe entre el mundo exterior y nuestro mundo interior. En el mundo exterior buscamos producir resultados, crear proyectos, proyectar identidad y generar riqueza. En el mundo interior, aspiramos a una vida significativa que nos haga plenos y felices.

Muchos dedican todo su esfuerzo a buscar “éxito en la vida”. Buscan títulos, poder y riqueza. Cuando lo logran, con frecuencia descubren que el sabor no es tan dulce como lo habían imaginado. En la construcción de aquellos logros, perdieron el contacto con algo más profundo y trascendente.

Otros eligen renunciar a lo material y se retiran a una vida de meditación y exploración interior. Muchos de ellos descubren, con el tiempo, que la oportunidad de progreso espiritual no estaba fuera del mundo, sino simplemente en la vida cotidiana. Una parte importante de nuestra condición humana es su carácter social. Compartir y crear con otros en comunidad.

¿Existe un camino integrador? ¿Podemos crecer simultáneamente en nuestros logros en el mundo y en nuestra plenitud interior? ¿Qué transformaciones tendríamos que producir en nosotros mismos?

Hace muchos años cambié mi actividad científica y tecnológica por el trabajo de asisir a personas y organizaciones en procesos de aprendizaje y transformación. En mi trayectoria como coach y en la experiencia de vivir y cambiar, aprendí de muchos maestros que el desarrollo de nuestro potencial humano requiere el trabajo en simultáneo en diferentes dominios.

Como producto de mi trabajo y mis experiencias de vida, propongo la necesidad de hacernos cargo de cinco dominios de despliegue del potencial humano, que denomino los cinco entrenamientos para la vida. Los describo a continuación asociándolos con mis propios aprendizajes y cambios.

Poder personal

Hace muchos años me dedicaba a la ciencia y había desarrollado el camino típico de formación de un científico y con menos de 40 años me había convertido en director de un centro de investigación. Resulta que por aquellos años comencé a sentirme como decía Ricard que se sentía al estar dedicado a la ciencia. Me veía dedicado a una actividad en la que me enfocaba en algo cada vez más específico y de interés para un grupo cada vez más pequeño de especialistas. Al tomar responsabilidades como líder de un equipo y exponerme a nuevas miradas sobre el liderazgo y la acción humana se me presentó un desafío. Me parecía que dedicarme a ser coach y asistir a personas y empresas en su transformación era una tarea que veía de mayor significado para mí. En ese momento, con casi cuarenta años, la pregunta era: ¿puedo hacer este cambio? ¿De qué dependerá? Con los años descubrí que hay algo que es mucho más central y decisivo que los desafíos y obstáculos del contexto que nos toca enfrentar. Lo central ante un desafío de cambio y transformación es “el cuento que nos contamos a nosotros mismos sobre quienes somos y qué es lo posible y lo imposible”. En mi caso, ese cuento era el de que nada valía más la pena que el encaminarme a forjar un futuro en el que me pudiera dedicar a algo que me daba un sentido de propósito y realización que antes no pensaba que podía existir. Y que por ende, ningún riesgo y ningún esfuerzo era demasiado para lograr lo para mí significaba ir hacia una vida más plena. Todos tenemos una identidad privada, esa interpretación acerca de quiénes somos y qué es lo posible para nosotros. Estas narrativas e interpretaciones sobre nosotros mismos influyen sobremanera en nuestro destino, ya que van modulando nuestras emociones que son el principal combustible para crear futuro. Ver la posibilidad de transformarme en coach fue para mí motivo de alegría, ambición y determinación. Etas emociones surgen de las interpretaciones en las que vivimos. Desde esta voluntad de propósito nos lanzamos tanto a los desafíos del éxito en el mundo como a los de nuestra plenitud personal.

En este dominio proponemos el entrenamiento en los tres impulsores del poder personal que nos permiten la creación de cambios personales duraderos: 

  • Combustibles: Todo parte del poder personal que vinculamos con la energía vital y la emociones dominantes en nuestra vida cotidiana. 
  • Brújulas: todos los seres humanos compartimos un puñado de inquietudes básicas pero nuestra huella digital personal surge de las prioridades que damos a esas inquietudes. Este autoconocimiento nos permite clarificar nuestro propósito y también transformarlo.
  • Mapas: es central entender también los marcos interpretativos que configuran nuestro mundo de emociones, de posibilidades a la mano,  y nuestras formas de intervenir para ampliar ese marco de posibilidades. 

Todo cambio transformador comienza con un cambio de creencias. Por ende, algunos ejemplos de preguntas relevantes son: ¿Cuáles son las creencias que me limitan? ¿Qué nuevas creencias me darían más poder?

Roles sociales & Misión

En tanto y en cuanto estamos insertos activamente en la sociedad, todos tenemos una identidad pública. Mi identidad pública era la de científico o tecnólogo, y a veces también profesor. Cuando hablo de identidad pública me quiero referir a un rol y una misión que estamos teniendo a los ojos de los demás. Son los demás los que nos ven como posibilidad de creación de valor en un dado dominio. En mi caso ese valor tenía que ver con la capacidad de desarrollar ciertas acciones a partir del conocimiento y capacidades que poseía. Mi dominio como científico y tecnólogo era el campo de los materiales. Mis clientes podían verme como asesor, desarrollador, investigador, etc; que les permitía resolver ciertos problemas técnicos ligados al desarrollo y utilización de ciertos materiales. Iniciar el cambio en mi vida profesional antes mencionado implicaba entonces un cambio de identidad, un cambio en ese rol social y en esa misión. El desafío era comenzar a ser una oferta en la sociedad, ahora vinculada con el coaching, con la transformación de personas y organizaciones. Podríamos decir que este dominio, la creación de una identidad pública, no era, hasta hace unas pocas décadas algo relevante. Como diría el célebre sociólogo Bauman, “antes las personas nacían a su identidad”. Pero en el mundo de hoy, sujeto a cambios disruptivos e imprevisibles, debemos aprender a cultivar un liderazgo orientado a la reinvención permanente de nuestra identidad pública para mantenernos como una oferta relevante para quienes queremos como clientes. Las identidades personales y empresariales dejaron de ser estables. Esto es así por la simple razón de que las profesiones y las ofertas de las empresas en los mercados se vuelven obsoletas cada vez más rápido. El gran desafío para mí era, entonces, construirme una identidad pública diferenciada, para lo cual mi pasado científico lejos de ser irrelevante, se transformó en un activo estratégico.

En este dominio proponemos el entrenamiento en tres disciplinas para la creación de identidad: visión, valor y ejecución. Que describimos someramente a continuación:

  • Construir visión: Crear valor en nuestro rol, sea como empresa o como líder o profesional, implica comprender cabalmente para quien trabajo. Quienes son mis clientes, cuales son sus inquietudes y los límites de sus prácticas actuales.
  • Crear valor: Definido el espacio de inquietudes y prácticas humanas donde voy a crear valor, el siguiente paso es escuchar juicios de mis clientes concretos para explorar oportunidades de crear ofertas innovadoras, que mejores sus vidas.
  • Organizar la ejecución: Finalmente para hacer realidad el delivery de nuevo valor a nuestros clientes debemos anticipar quiebres y evaluar capitales requeridos para movilizar la acción de manera de producir valor y satisfacción de los clientes.

En este caso algunas preguntas relevantes  que podemos considerar son: ¿quiénes quiero que sean mis clientes? ¿Cómo me puedo transformar en una oferta valiosa y única para ellos?

Relaciones y equipos

A poco de empezar a andar se me hizo patente la existencia de un tercer dominio de despliegue del potencial humano, además del dominio del poder personal y del rol social. Se trata del dominio de las relaciones. Todos somos un nodo en una red de conversaciones en las que aprendemos, abrimos posibilidades y coordinamos acciones en relaciones con otros, en comunidades de colaboración. En esas conversaciones somos mayormente aprendices, maestros, líderes, clientes y proveedores. Estas redes son la base para construir todo logro en el mundo, ya sea una carrera profesional o una aventura empresarial. En mi caso debía comenzar por preguntarme quienes eran los interlocutores relevantes para comenzar a crear esa red de relaciones en la cual comenzar a forjar mi nueva identidad como coach. Particularmente yo no elegí el mundo del coaching, sino el mundo de los negocios y de las empresas de base científica. Me volví profesor en varias escuelas de negocios y asesor de la entonces Secretaria de Ciencia Tecnología e Innovación Productiva. Esto me permitió comenzar a forjar esa identidad de coach, asociada a los líderes y emprendedores en el mundo de la tecnología.

En este dominio proponemos entrenar tres dinámicas  de comunicación: aprendizaje, cultivo de posibilidades y coordinación de acción. Las describimos  a continuación:

  • Aprendizaje: Aprender es, en parte, adquirir nuevas distinciones, lo que nos permite ver con nuevos ojos. Aprender es, también, desarrollar habilidades. Lograr competencias para la acción implica el entrenamiento para lograr una cierta destreza.
  • Cultivo de posibilidades: Cuando nos movemos en redes de relaciones, son fundamentales las conversaciones para posibilidades. En estas conversaciones intercambiamos puntos de vista y sintonizamos y ampliamos interpretaciones acerca de lo posible.
  • Coordinación de acción: En las redes de relaciones se desarrollan además las conversaciones para la acción. En éstas emergen clientes y proveedores, que se comprometen mediante promesas que son fundamento de la acción.

En este dominio son preguntas claves las siguientes: ¿quiénes son las personas claves con las que podría abrir conversaciones para avanzar hacia mis propósitos? ¿Qué conversaciones debería tener con ellos? ¿Qué pedidos podría formularles?

Autoconocimiento

Producir un cambio transformador como el que venimos describiendo, siempre implica lidiar con nuestro ego. Me explico: en todos nosotros se ha forjado un carácter, entendido como una estructura egóica. Ciertos patrones de conducta, de emociones dominantes y de inquietudes dominantes que constituyen una especie de constelación de patrones habituales que llamamos carácter. Esta máscara nos permite sobrevivir a las carencias que debemos enfrentar en nuestra vida, especialmente en etapas tempranas. La estrategia de respuesta ante la vida que implica dicha máscara, relevante para la supervivencia, con el tiempo se vuelve una carga porque entraña siempre una cierta distorsión o sesgo limitante en nuestra manera de ver el mundo. Develar dicha estructura es un trabajo liberador. Esto implica comprender la constelación particular de patrones habituales de conducta en los que vivimos y que pueden limitar nuestra capacidad de vivir en plenitud. En mi caso, esa constelación incluirá una creencia limitante que es: “Hay que evitar el conflicto. No es bueno el enojo.” Trabajar en la compresión de mi carácter y de los limites y el sufrimiento que podía imponer a mi vida fue de gran impulso para mi crecimiento personal. La ceguera respecto de esta dimensión hace que quienes alcancen éxito en su desempeño en el mundo, no suelen encontrar la plenitud y realización personal que imaginaban, porque son arrastrados por los caprichos de su ego.

En este dominio proponemos entrenar en tres atenciones. Los dominios de nuestro sentir, pensar y querer que suelen estar condicionados por nuestro carácter. Las describimos  a continuación:

  • Sentir: este espacio busca recuperar nuestra emocionalidad natural, superando las emociones condicionadas por nuestro ego. 
  • Pensar: nuestro sentir a su vez esta modulado por las distorsiones cognitivas, como marcos interpretativos limitantes propios también de nuestro carácter. 
  • Querer: finalmente también nuestros deseos, intuición e impulsos instintivos son obscurecidos por nuestros carácter. El trabajo es el de recuperar esa sabiduría organísmica que tenemos cuando niños y que perdemos al crecer. 

Algunas preguntas relevantes para este dominio son: ¿qué conductas y emociones habituales en mí, me producen malestar o sufrimiento a mí o a los que me rodean y las sigo repitiendo de todas formas? ¿Cómo podría comprender más en profundidad esos patrones habituales de conducta para trascenderlos?

Mente y conciencia 

Por último, mi trabajo personal me llevó a lo largo de los años a descubrir una dimensión, a mi juicio fundamental y trascendente, para una vida plena. Todos tenemos la posibilidad de acceder a una experiencia de nuestra conciencia que es de calma, claridad y amor esenciales. Esta conciencia es la condición de posibilidad de todos los fenómenos que experimentamos y se puede acceder a ella mediante un adecuado entrenamiento. No se trata de un dogma religioso sino de una posibilidad práctica que llega a nosotros gracias a ciertas tradiciones que han desarrollado técnicas para el cultivo de la sabiduría, la ética y la atención como una praxis para vivir una vida más plena, libre y realizada. En las últimas décadas la ciencia viene descubriendo el impacto que la práctica de la meditación, como se desarrolla por ejemplo dentro de los diferentes linajes de la tradición budista, tiene en el bienestar, la experiencia de felicidad y también en la capacidad creativa. Los budistas habían desarrollado este tesoro de conocimiento pragmático mucho antes de la aparición de la ciencia moderna. En mi vida personal, este descubrimiento me llevó a cultivar sistemáticamente estas prácticas y poder ver el impacto que tienen en la calidad de la vida cotidiana y en la posibilidad de alcanzar niveles de plenitud que no creía posibles antes.

En este dominio proponemos entrenar en tres perfecciones. Los dominios de la acción virtuosa, la meditación y la sabiduría. Las describimos  a continuación:

  • Sabiduría: el el budismo se suele decir que una fuente de sufrimiento es la ignorancia, entendida como una inadecuada comprensión de la existencia humana. La recta comprensión se relaciona con una mirada que nos lleve a trascender el sufrimiento humano. Una recta comprensión nos lleva a una recta intensión. Se suele decir que la sabiduría es una forma de ver las cosas de la cual la virtud surge naturalmente. 
  • Virtud: entonces la segunda dimensión aquí es un recto obrar. Este recto obrar implica un compromiso ético con la reducción del sufrimiento como producto de nuestra presencia en el mundo.
  • Meditación: esta dimensión se refiere al cultivo de la presencia conciente, mediante la meditación formal, pero también en nuestra vida cotidiana. Este entrenamiento permite mantenerse arraigado al camino de progreso de conciencia aún ante los vaivenes de la vida cotidiana.  

Algunas preguntas interesantes en este último dominio pueden ser: ¿hay momentos en los que experimenté pérdidas materiales o emocionales que me robaron, al menos durante un tiempo, la serenidad y el bienestar? ¿Se puede desarrollar la capacidad de estar sereno y centrado independientemente de los sufrimientos que deba enfrentar?

El gran desafío para vivir vidas plenas, coincide con un gran desafío de la educación del futuro. Este desafío consiste en hacernos cargo de estas dimensiones como territorios personales indelegables. Una educación integral debe hacerse cargo de las nuevas e inmensas posibilidades que abren las tecnologías y la globalización para construir identidad pública, pero debemos simultáneamente, enfrentar también el desafío de una educación para el cuidado del otro, la empatía, la colaboración en redes, la fortaleza personal, el autoconocimiento y la conciencia, que será una educación para la felicidad y la plenitud verdaderas.

Pregunta final para la reflexión: ¿En cuál de estos cinco dominios de entrenamiento para la vida considero que tengo la mayor cuenta pendiente de crecimiento personal?

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Antecedentes de esta propuesta:

La perspectiva presentada es una articulación personal mía, que influencias multiples pero las perspectivas que más me han influido son las siguientes:

  • La Hermenéutica Pragmática de Fernando Flores
  • Las Intervenciones Estratégicas de Anthony Robbins.
  • La Psicología Integrativa de Claudio Naranjo.
  • Nociones básicas de la praxis, filosofía y psicología budistas, tal como se expresan en los linajes del Budismo Tibetano, y especialmente por los maestros Tsoknyi Rimpoche y Mingyur Rimpoche.  

Bibliografía fundamental: 

  • Flores, F. , Edited by Flores Letelier, M.,  “Conversations For Action and Collected Essays: Instilling a Culture of Commitment in Working Relationships”, CreateSpeace, 2012.
  • Madanes, C., ¨Relationship Breakthrough¨, Rodale, 2010.
  • Yongey Mingyur Rimpoche, Y., "La Alegría de la vida", Norma, 2008.
  • YongeyMingyur Rimpoche, Y., "La Dicha de la Sabiduría: Abrazar el cambio y encontrar la libertad", Norma, 2010.
  • Naranjo, C., “Carácter y Neurosis: una visión integradora”, Comunicaciones Noreste, 1994. 
  • Ricard, M., "En Defensa de la Felicidad", Urano, 2005.
  • Spinoza, C., Flores F., y Dreyfus, H., “Disclosing New Worlds”, MIT Press, 1997.
  • Tsoknyi Rimpoche,Swanson, E., “Abre Tu Corazon, Abre Tu Mente: Despertar al Poder del Amor”, Editorial Sirio, 2013
  • Winograd, T., y Flores, F., “Understanding computers and cognition”, Addison-Wesley, 1987.

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